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Lunes, 14 de Mayo de 2007
Etapa 5: DE ESTELLA A TORRES DEL RÍO

Cuando despierto encuentro mis pantalones húmedos colgados de la litera. Ha llovido durante la noche aunque yo únicamente me he enterado por los comentarios de Primi. Como ya es habitual, tengo la mochila hecha un desastre y tardo una eternidad en colocarla.  Antes de salir desayunamos en el albergue junto a muchos otros peregrinos. Cada cual se prepara su desayuno, café, leche, café con leche ... hay galletas, tostadas, mantequilla y algunas cosas más. Es el primer albergue que encontramos donde el desayuno va incluido en el precio. Después, cada uno se encarga de dejar limpio su vaso y su cubierto. 

A las 08:00 de la mañana, caminamos sin prisa hacia las afueras de Estella después de sacar los paraguas de la mochila y poner las fundas. El cielo está muy nublado y nos tememos algún chaparrón. Nada más comenzar la etapa Paco se vuelve hacia el albergue desandando unos 200 metros. Comenta que le hacen daño las botas y quiere hacerse una pequeña I.T.V. 

Chema en la famosa "fuente del vino"

Dejamos atrás el pueblecito de Ayegui y pocos kilómetos después nos detenemos en la famosa "fuente del vino de Irache" donde no podemos dejar de probarlo a pesar de la hora tan temprana. El vino no está mal pero realmente no apetece mucho a estas horas.  

Michel, Luís, una peregrina, y Ángel

Nos hacemos algunas fotos y rápidamente continuamos hacia el Monasterio de Irache, precioso monasterio benedictino reconstruido sobre las ruinas de otro del Siglo X.  

Paco en la fuente del vino

Mientras tanto, Paco, rezagado, también se detiene a probar el sabroso vinillo. 

De nuevo nos detenemos un momento en el Monasterio para tomar alguna foto y continuamos caminando bajo un cielo muy nublado que inevitablemente nos suelta un pequeño chaparrón que nos obliga a abrir por primera vez nuestros paraguas aunque sólo durante cinco o diez minutos.

Monasterio de Irache

Camino tras Ángel que va imponiendo su acostumbrado ritmo rápido y pronto perdemos de vista al resto del grupo que se ha ido fragmentando por detrás.  Aunque ha refrescado, ha dejado de llover y apetece caminar. Un agradable olor a tierra mojada impregna el aire mientras vamos dejando atrás inmensos trigales cargados de rojas amapolas.    

Paco y los trigales

El camino es llano, el sol anda oculto tras las nubes y el tiempo es muy agradable. Llevamos un buen ritmo mientras cruzamos los interminables trigales y las extensas praderas con hierbas crecidas y ahora mojadas por la lluvia. 

Curioso peregrino
 

Fuente de los moros

Dejamos atrás la curiosa Fuente de los Moros y los extensos viñedos, con sus cepas perfectamente alineadas y bien cuidadas de malas hierbas, y nos detenemos en Villamayor de Monjardín con intención de sellar nuestras credenciales en el albergue Hogar de Monjardín.   

Viñedos

Ángel se adelanta buscando un bar en el pueblo donde refrescarnos mientras yo espero a Primi, que viene un poco retrasado, para indicarle dónde debe sellar nuestras credenciales. Cuando caminamos tras Ángel seguimos las indicaciones de un cartel que nos dirige a las afueras del pueblo hacia unas bodegas. Pensando que Ángel ha seguido esas mismas indicaciones abandonamos el pueblo y continuamos el camino.  

Mientras tanto, Ángel ha encontrado un bar en el pueblo y nos espera mientras toma un bocata y una cerveza. Primi y yo, después de un par de kilómetros de descenso, extrañados al no encontrar la bodega ni a Ángel, le llamamos para ver dónde se ha metido.   

Iglesia de Santa María en Los Arcos

Sin ánimo de volver sobre nuestros pasos continuamos hacia Los Arcos bajo un sol de justicia y sin agua. 

En una terraza en Los Arcos

En Los Arcos, descansamos en una terraza al pie de la preciosa Iglesia de Santa María, del siglo XV. Un gran chaparrón nos obliga a resguardarnos rápidamente en la cafetería aunque a los dos minutos vuelve a brillar el sol y nosotros, después de secar las sillas, volvemos a sentarnos en la terraza. Rodri nos acompaña mientras Beni y Paco vienen algo retrasados.

Campanario de la Iglesia de Santa María

Después de tomar algunos bocadillos con las correspondientes cervezas decidimos continuar nuestro camino con intención de comer en Torres del Río. Primi se ha dejado el paraguas en la cafetería y llama a Paco por si aún está a tiempo de recogerlo. Paco acaba de llegar a Los Arcos y, efectivamente, encuentra el paraguas. Poco después llega Beni. Nos comentan que van a quedarse allí a descansar durante un buen rato y aprovechar para comer algo.

Nubes en el camino

Mientras tanto, Rodri, Chema, Ángel, Luís, Primi y yo continuamos hacia Torres del Río a buen ritmo. El cielo está nublado y amenazan lluvias. 

Rodri y Chema 

Poco antes de llegar a Sansol nos cae un fuerte chaparrón que nos obliga a desplegar nuestros paraguas y cubrir las mochilas con sus fundas. Primi no tiene paraguas y se resguarda como puede con un impermeable. 

En la puerta de un cementerio ... 

El fuerte aguacero dura poco tiempo y pronto brilla el sol con fuerza. Chema, que se ha adelantado, continua el camino sin fijarse en las flechas amarillas que lo marcan. Ángel, le sigue a distancia, distraido mientras seca su paraguas al aire. Luís y Rodri, detrás, continuan tras ellos sin hacer caso a las señales. Cuando llego con Primi a una caseta donde se ven claramente muchas flechas amarillas indicando el camino en otra dirección nos paramos ante la duda. 

Una familia china, padre, madre e hijo se han detenido también y nos preguntan la dirección a seguir extrañados del camino que han tomado Chema y los demás tras él. Después sabríamos que, aunque son chinos, proceden de Brasil. El joven, Khan, decide continuar con sus padres siguiendo la dirección que indican las flechas. Nosotros continuamos tras ellos mientras llamamos a Ángel que, sorprendido, avisa a su vez a Chema para que retroceda. Poco después desandarían el camino para seguir tras nuestros pasos.  

Sansol

Nos detenemos en Sansol, pueblecito distante aproximadamente un kilómetro de Torres del Río, con intención de buscar un restaurante para comer. En el albergue, donde aún quedan algunas plazas libres, nos comentan que no hay restaurante en el pueblo aunque sí un bar pero que no abre hasta las seis de la tarde por lo que decidimos continuar hasta Torres.

Torres del Río

El albergue de Torres del Río está cerrado. Existe otro albergue privado, Casa Mari, pero le encontramos lleno. Sólo nos ofertan dos o tres colchonetas en el suelo y al aire libre, en una terraza. 

Torres del Río

Después de estudiar diversas alternativas: volver a Los Arcos, volver a Sansol o continuar hasta Viana, Rodri, Primi y yo decidimos quedarnos en el privado de Torres del Río, en las colchonetas, mientras que Ángel ha reservado tres literas en Sansol para Luís, Chema y él mismo.

Ante esta situación, Paco decide quedarse en el albergue de Los Arcos, donde hay plazas libres. Beni también se queda allí. 

Antes de volver a Sansol comemos unas tortillas en el albergue de Torres mientras nos cae un nuevo chaparrón también de corta duración que nos hace pensar en qué sucederá si llueve así durante la noche. Cuando Ángel, Chema y Luís regresan al albergue de Sansol nosotros acoplamos las colchonetas en la terraza retirando un montón de botas que han dejado allí los peregrinos para evitar los olores en el interior del albergue y  nos damos una buena ducha. 

Diana y Miriam

Después, Rodri se queda en el albergue mientras Primi y yo nos acercamos otra vez a Sansol, esta vez en zapatillas,  con intención de reunirnos a cenar con nuestros amigos.

Es pronto, el bar está cerrado y no hay nada que hacer. Mientras esperamos que lo abran charlamos con las alemanas, Miriam y Diana, quienes, sentadas en un banco al sol, esperan la hora del primer turno para cenar en el albergue. A Diana algo le ha sentado mal y lleva los pies con sarpullidos rojos seguramente de origen alérgico. Han comprado una crema en la farmacia y esperan sus resultados. 

Diana nos comenta que ha corrido algún que otro maratón pero que no es lo mismo que caminar todos los días en el Camino de Santiago.       

El albergue de Sansol

Pasamos un rato en el bar echando una intrascendente partida al mus con intercambio de jugadores, ya que somos cinco, mientras miramos ta retransmisión de una corrida de toros en la televisión.

Peregrino francés fregando los platos

Poco después regresamos al albergue con intención de cenar. El primer turno ya ha finalizado y mientras nos preparan la cena Chema charla en francés con un par de peregrinos que están fregando los cacharros.  

La cena

Nuestros amigos de Sansol nos invitan a la agradable cena y, poco después, el encargado del albergue nos acerca en coche a Primi y a mi a nuestro albergue de Torres del Río pues nos han asegurado que después de las diez ya no se puede entrar. A las diez menos cinco encontramos la puerta cerrada y es Rodri quien nos abre después de llamar un par de veces.

Nuestras colchonetas al raso

Dormimos al raso en una noche agradable en la que se pueden contar millones de estrellas. No hace frío. Tenemos un campanario muy cercano con un reloj que me despierta sobresaltado cada vez que marca las horas. Aunque me parece que no he pegado ojo, Primi ha debido despertarme también en alguna ocasión pues roncaba. Por si esto fuera poco, ya a las cinco de la mañana han comenzado a desfilar los primeros peregrinos. De todas formas, aún sin dormir mucho, nos hemos levantado perfectamente descansados.