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CAMINO DE SANTIAGO 2003

Desde Villafranca del Bierzo a Santiago de Compostela


Viernes, 16 de Mayo de 2003

De Pedrouzo (Arca) a Monte do Gozo - 15,7 kms


    Antes de desayunar me acerco con Paco a un Cajero Automático. Poco después volvemos al Restaurante El Compás, donde ya nuestros compañeros desayunan. Un café con leche y unas magdalenas son suficientes.

    Son las 09:00 de la mañana.

    Sin prisas, dejamos Arca atrás y nos internamos en el extenso bosque de eucaliptos que después de algunas fuertes ascensiones nos llevará hasta Lavacolla.

    Hace fresco y se camina bien. El cielo está cubierto de nubes. Hemos puesto las fundas a las mochilas en previsión de las lluvias.
Paco, en algún lugar de Amenal

    Caminamos rápido. Ángel se ha adelantado. Primi y yo vamos tras él. Cerca, por detrás, el resto de nuestros compañeros.
Chema, en algún lugar de Amenal

    Caminamos en silencio, ensimismados en nuestros propios pensamientos. Adelantamos a un grupo de peregrinos compuesto por Simone, Katherine y las hermanas italianas Rosa y Ana.

    “Bo camiño, peregrino”. Rosa nos recomienda a nuestro rápido paso: “piano, piano”. Pronto quedan atrás.

    El camino se cierra entre el bosque de eucaliptos. Después de un par de horas, antes de la fuerte ascensión del monte por cuya cumbre pasa la carretera encontramos a nuestra amiga Berysin, que camina lentamente. Después de saludarla, también va quedando atrás.

    Vemos delante de nosotros, a lo lejos, un peregrino que camina despacio, solitario. Poco a poco nos acercamos. Divisamos su inconfundible sombrero y sus andares apoyada en los bastones de esquiar. Con agradable sopresa, la reconocemos. Es Clare.

    Después de los saludos, nos comenta que han decidido llegar a Santiago el sábado, tal y como les recomendamos.

    Caminamos varios kilómetros charlando con ella. Nuestros amigos nos pasan saludándola. Comenzando la fuerte ascensión nos sugiere continuar sin ella. Va más despacio. Poco a poco va quedando atrás. Subimos rápido la cuesta hasta conectar con la carretera, que ya ascendente, nos lleva al café La Concha, ya en las inmediaciones de Lavacolla. Allí paramos a descansar.

    Algunos peregrinos se encuentran en las mesas. Otros continúan llegando mientras tomamos nuestras cervezas.

    Charlamos con algunos de ellos. Rosa es italiana pero habla perfectamente el aleman. Intento decirle aquellas palabras que habíamos aprendido pero las he olvidado por completo. Llamo a Primi que, sin necesidad de consultar su anotación, se lo suelta en directo. Ella le entiende perfectamente y se ríe divertida. Todos nos reímos.

    Clare llega ahora. Le cedo mi silla junto a su grupo y me siento junto al mío en un alto taburete. El grupo de peregrinos ingleses jubilados va llegando también.

    Ahora somos un montón, aunque poco a poco, algunos van saliendo para continuar el Camino.
Ana y Rosa, junto a Primi

    Decidimos continuar pues ya llevamos allí mucho tiempo.

    Una simpática mujer inglesa del grupo de jubilados se ajusta a mi paso y charlamos durante algunos kilómetros. Extrañado veo cómo, a pesar de su edad y sin dejar de charlar, mantiene mi ritmo sin dificultad.

    Se llama Elena. Le gusta y conoce España. Quiere aprender español, aunque detecto que conoce muchas palabras. Me comenta que se ha traído a su marido sólo para que le lleve la mochila. Le digo, sonriendo, que las mujeres son todas unas “lobas”. Le hace mucha gracia. Ella me dice que en Inglaterra se las llama “zorras”. Intento explicarle, hasta que me entiende, que no es lo mismo “lobas” que “zorras”.

    “Lobas”, las llamamos aquí en sentido cariñoso queriendo indicar que son más listas que nosotros, los hombres. Elena me entiende perfectamente. Es fácil hablar con ella en inglés pues es profesora y no olvida que debe hablarme “slowly”.

    Me pregunta mi procedencia y le muestro mis tarjetas con las fotos del Acueducto romano y del Alcazar segoviano. Incansable, siempre caminando muy rápido, me cuenta la historia de cómo se construyó el Acueducto mediante el pacto entre la lavandera y el diablo. Le gustan los cuentos y conoce muchas leyendas españolas.

    Entretenidos con nuestra agradable conversación, llegamos sin darnos cuenta al pueblo de Lavacolla. Allí nos despedimos y nos separamos. Es un ciclón. Ha subido corriendo las empinadas escaleras para conocer la Iglesia y acto seguido la encontramos abajo, en la cafetería donde estamos tomando unas cañas, pues quería sellar su “papela”.
Cruceiro en Lavacolla

    Primi bromea. Los de la tercera edad ya me reconocen y aceptan como uno más entre ellos. Le contesto, divertido, que por mi edad ya me considero uno de ellos.

    Continuamos el Camino con el propósito de comer en San Marcos, para subir después al Monte do Gozo.

    Aunque ha chispeado un poquito al final no ha comenzado a llover. Llegamos a San Marcos sin incidencias y, mientras esperamos al resto, tomamos unas cervezas.
Llegando a San Marcos
San Marcos

    Después de comer, un nuevo mus y una nueva derrota, esta vez con Marino como compañero. Sus cambios obligados de estrategia no han dado resultado. Yo le comento que lo que pasa es que va con ellos, que van los tres en mi contra.
Nueva derrota al mus, esta vez con Marino de compañero

    Finalizada la partida continuamos ya hasta el Monte do Gozo. Poco antes de llegar al Albergue, en el monumento que conmemora la visita del Papa Juan Pablo II a Santiago, nos hacemos varias fotos.
Monumento a Juan Pablo II
Marino
Paco
Paco y Marino

    Retrasado por una conversación telefónica llego sólo al Albergue y busco a mis compañeros. Están en la 163. Marino y Primi están preparando una colada. Les entrego mi forro polar para que lo metan en las lavadoras/secadoras.

En la puerta del albergue
Literas

    Después de duchado y cambiado de ropa me acerco a la cafetería donde mis compañeros están tomando unas cervezas. Desde allí se divisa la lavandería. Primi y Marino van a ducharse y me dejan al cuidado de nuestra lavadora.

    Con una jarra de cerveza, sentado cerca de la lavandería, observo los barracones del gran Albergue Internacional de Peregrinos. Su capacidad es de 2.848 plazas aunque, hoy, debe estar vacío. Santiago se divisa a lo lejos. Ha salido el sol y la temperatura es agradable.

    Clare me saluda cuando entra en la lavandería. También tienen su colada. Luego se acerca a la cafetería y charla con mis amigos.

    Cuando viene Marino, nuestra lavadora ha finalizado y procedemos a recoger la ropa. Mi forro polar ha quedado perfecto, no así uno de Primi, que aún está algo mojado.

    Una vez reunidos todos decidimos bajar a cenar al O Tangueiro. Clare, Josef (austriaco) y su amigo belga, cuyo nombre no recuerdo, nos acompañan.
Cruceiro bajando al O Tangueiro
Piedras esculpidas bajando al O Tangueiro

    Cenamos pulpo con ribeiro blanco y algunas otras cosas. La cena es muy amena. Aunque aparentemente es difícil entenderse debido a los distintos lenguajes de cada uno, todo el mundo habla y, pienso, que casi todo el mundo se entiende en mayor o menor medida. Es una buena oportunidad para practicar nuestro pobre inglés y, al menos, lo intentamos.
Cena en el O Tangueiro
Marino y el belga
Paco y Josef
Josef

    Josef nos cuenta algo de su vida. El belga también. Clare intenta aclararse con Paco sobre asuntos jurídicos. Bromeamos con palabras como “lawyer” y “liar”, juntándolas al final para formar un significado bastante apropiado para Paco y Clare.

  • ___ “You are a lawyer liar”.


  • Intentamos contar algún chiste de los nuestros en inglés, cosa muy complicada.
Clare y Primi
Josef
Bromas

    Brindamos y nos deseamos suerte con algunos “elixires del santo”.

    Clare me comenta las preciosas palabras de Rosa, la italiana/alemana, que en algún momento del Camino le había dicho:

  • “Tantas personas con lenguajes tan diferentes sólo pueden entenderse a través del corazón”


  • Terminada la cena, subimos juntos hacia el Albergue y directamente nos vamos a dormir.

Prácticas de inglés
Prácticas de inglés
Prácticas de inglés
Prácticas de inglés

    Esta noche Chema ronca espectacularmente acompañado por Ángel. Despertados Primi y yo, les hemos “arreado” como se suele hacer a las vacas para intentar callarlos. A veces ha funcionado, aunque pronto comenzaban otra vez.

    Con los ronquidos de fondo me he dormido profundamente.