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CAMINO DE SANTIAGO 2003

Desde Villafranca del Bierzo a Santiago de Compostela


Sábado, 10 de Mayo de 2003

De Villafranca del Bierzo a O Cebreiro - 30 kms


    07:30 de la mañana.

    Despertado seguramente por algún exagerado ronquido, después de buscar un periódico, he bajado al servicio intentando no hacer ruido. La paz "ha sido conmigo" durante un buen rato. Cuando más a gusto estaba, alguien ha entrado, (después sabría que fue mi amigo Primi), ha tirado de la cadena y ha apagado la luz, dejándome en la más extrema oscuridad. He salido como he podido y he vuelto a mi litera, aunque ya no he podido conciliar el sueño.

    Aunque a la sombra hace frío, el sol ilumina el azul del cielo limpio de nubes. El día promete ser un buen día.

    Después de tomar un café con leche preparado en la cafetera de Jato, estamos listos para comenzar nuestra parte del Camino que, hoy, nos conducirá hasta O Cebreiro. Son unos 30 kilómetros de suaves subidas y bajadas que al final se convierten en una dura ascensión en los ocho últimos hasta alcanzar la cumbre que marca la frontera entre León y Galicia. Planeamos, según nuestro ya famoso GPS (Guía Para Santiago), comer en “La Fragua”, casa de nuestra amiga Marta, para después acometer la fuerte ascensión.

    Paco se ha levantado con mala cara y anda un poco despistado por el Albergue. Tiene completamente desparramada su mochila y no parece con muchas ganas de comenzar la andadura.Mientras nuestros compañeros comienzan el camino, Ángel y yo, aprovechando la espera de Paco, nos acercamos al Albergue Municipal por ver si podemos sellar nuestra "papela". Varios peregrinos ciclistas nos saludan en la puerta. El sello no aparece por lo que, algo decepcionados, desandamos el corto camino.

    Un solitario y joven peregrino procedente de Castellón sale del Albergue Municipal y nos acompaña durante el corto recorrido hasta el Albergue de Jato. Viene desde Roncesvalles y nos comenta que está muy cansado y anda bastante despacio. Mientras nos cuenta algunas incidencias de su camino, su mochila comienza a chorrear. Se le ha abierto y volcado la botella de agua. Nos paramos al agradable sol y el joven comienza a desarmar su mochila. Se le ha mojado su mapa-guía y algunos de sus papeles. Los tiende a secar al sol mientras nosotros esperamos a Paco que, por fin, sale del albergue aparentemente preparado, aunque con mala cara.

    El joven peregrino recoge sus papeles, reorganiza su mochila y nos acompaña un tramo cuesta abajo hacia la plaza del pueblo. Comienza nuestra andadura hacia Santiago.

    Son las 08:35.

    El día es espléndido. La mochila pesa lo suyo. De nuevo pienso, algo enfadado conmigo mismo, que no espabilo. El próximo año utilizaré una mucho más pequeña. Así me veré obligado a prescindir de cosas que, generalmente, después no utilizo en todo el camino.

    Atravesamos el puente sobre el Varcalce dejando pronto atrás a Villafranca y a nuestro joven amigo, a quien ya no volveríamos a ver. El camino transcurre en suaves subidas y bajadas a lo largo de la carretera y siempre llevando a la izquierda al río Varcalce, muy caudaloso debido seguramente a las últimas abundantes lluvias.

    El sol se hace sentir aunque resulta agradable. Huele a tierra mojada. La carretera es tranquila, casi sin tránsito. Desde que abrieron la autovía su tráfico ha descendido hasta ser, ahora, casi nulo. Me ha sorprendido la instalación, inexistente en años anteriores, de una valla de hormigón, a media altura, que separa parte del margen izquierdo de la antigua carretera N VI, seguramente para evitar a los peregrinos el peligro de ser atropellados por los vehículos. Pienso que, precisamente ahora, ya no existe ese peligro.

    La vegetación, frondosa e incontrolada, se mezcla a lo largo del río con árboles de carballeiras y castañeiros centenarios, grandes sauces, acebos y una gran variedad de bayas.

    Poco a poco, centrado en mis pensamientos, me voy adelantando. Los que salieron antes deben llevarnos una buena ventaja. Controlo el tiempo por los indicadores de kilómetros de la carretera. Cada diez minutos, un kilómetro. La marcha no está nada mal. Voy cómodo, aún con la susodicha mochila.

    He recogido un palo y con mi navaja me entretengo en pulirlo poco a poco. Algún día tendré que afilarla. No veo peregrinos. Voy solo. La caminata es agradable aunque el sol me hace sudar. Efectúo una breve parada para quitarme el forro polar que, hace ya mucho tiempo, me regaló un día mi hija.

    He atravesado sin ver persona alguna Pereje y Pradela y me dirijo ahora, al mismo paso, hacia Trabadelo, bajo los elevados puentes por donde, muy arriba, transcurre la nueva autovía. Primi me ha enviado un mensaje. Me llevan una media hora. Paran en Trabadelo para esperarnos. No veo a nadie tras de mí aunque Ángel y Paco no pueden venir muy lejos.

    A las 10:15 conecto con ellos. Sentados en la agradable terraza de la cafetería Nova Ruta, están tranquilamente desayunando.

    Mientras tomo un café con leche y unas magdalenas vemos aproximarse a Ángel y poco después a Paco, quien parece que ha devuelto, presumimos que debido al orujo de la noche anterior en casa de Jato, aunque afortunadamente ahora ya se le ve más animado.

    Comentamos la marcha. Llevamos andados unos 12 kilómetros en dos horas. Es un buen promedio. Marino se da un buen porrazo en la cabeza, al volverse, con una barra de hierro del toldo de la terraza. Sin duda ha tenido que dolerle, aunque lo soporta con una sonrisa.

    Chema, enreda con su móvil. Parece que el número 4 y algunas otras teclas no le funcionan bien. Intenta llamar a Atención del Cliente de Telefóncia pero le hacen navegar de un número a otro y no lo consigue. Lo intenta de nuevo mediante el móvil de Ángel, pero también resulta infructuoso. Al final, abandona.

    Una vez terminados los desayunos, descansados, avisado Chema para que no olvide su máquina de fotos, nos disponemos a continuar la marcha.

    Charlando con Primi, poco a poco nos vamos adelantando a nuestros compañeros.

    El trazado del camino continúa siendo bastante llano y transcurre, en muchos de sus tramos, por la carretera. Las pocas ascensiones se complementan con sus descensos correspondientes. El río, caudaloso, escondido en parte por la abundante vegetación, parece querer acompañarnos. De vez en cuando vemos algún pescador dedicado a su faena. En Ambasmestas adelantamos a un grupo de tres peregrinas austriacas. Con el acostumbrado saludo de "buen camino", después de preguntarles su procedencia, van quedando atrás.

    A las 12:25 llegamos a Vega de Varcalce. Una agradable terraza en el Algergue de Peregrinos de Sarracín nos invita a sentarnos después de pedir dos apetitosas cervezas.

Frente al Albergue de peregrinos de Serracín

    Saludamos a las austriacas que pasan a lo lejos por la carretera sin detenerse. Poco tiempo después van llegando nuestros amigos. Mientras tomamos las cervezas vemos pasar a lo lejos grupos de peregrinos que nos saludan y a los que saludamos. Dos peregrinos (tiempo después les conoceríamos como Miriam, la catalana, y Paolo, el italiano), preguntan si pueden bañarse en el río Varcalce y se dirigen hacia él decididos después de cruzar la carretera.

    Tras el descanso, decidimos continuar, no sin antes pedir a nuestra nueva y amable amiga, Cristina, a la que desde aquí enviamos un cordial saludo, hacernos algunas fotos.

Con Cristina
El grupo de peregrinos segovianos
Listos para partir

    Pasamos rápido Ruitelán y nos acercamos a Las Herrerías. Tengo intención de parar en el "Paraído del Bierzo", nuevo centro de turismo rural, muy acogedor, donde hace ya dos años hicimos noche antes de subir el O Cebreiro. Traigo conmigo una foto de aquel día que me gustaría darle a Mary Paz. Esta vez, retrasado con Paco, envío un mensaje a Ángel para avisarle que voy a parar allí. Cuando llegamos, Primi nos está esperando.

    Mary Paz ya no trabaja allí. Nos comentan que ahora está en una fábrica de embutidos en Trabadelo. Lástima no haberlo sabido antes pues hemos pasado esta mañana por allí. Me guardo, algo decepcionado, la foto.

    Primi y yo tomamos un botellín mientras practicamos nuestro pobre inglés con Clare (irlandesa) y Judit (australiana), a quienes hemos conocido en casa de Jato la pasada noche junto al matrimonio inglesa/irlandés, Laura/Coleman. Le comento a Clare lo extraño que me resulta que hable tan bién inglés, sin darme cuenta de que es precisamente inglés lo que se habla en Irlanda. Paco, algo inquieto, nos sugiere continuar, así que nos despedimos de nuestras amigas y continuamos hacia "La Fragua" con intención de comer allí.

    Marta y María nos saludan contentas. Ya saben, por Ángel, que venimos. Marta, aunque no recuerda quién ganó al mus hace dos años, no olvida quién perdió aquella famosa partida.

    Son las 14:30.

    Sentados al sol en la terraza comentamos las incidencias de la andadura mientras nos preparan la mesa. Ángel nos amenaza con una manguera. Suerte que no encuentra la llave del agua. La tumbona de madera en la que Marino descansa cómodamente se rompe de repente. Marino cae sobre ella estrepitosamente haciéndola añicos. Aunque nos partimos de risa, el susto ha sido mayúsculo. Ha podido lesionarse seriamente.

Comida en La Fragua

    Después de la comida Marta nos enseña la famosa "fragua", además de las reformas efectuadas en la casa con vistas a su utilización como casa rural: tres habitaciones confortables y un salón con chimenea francesa con capacidad para ocho personas en total. Desde aquí le deseamos mucha suerte.

    Poco después, continuamos el camino hacia O Cebreiro. El tiempo continúa siendo excelente. Después de un leve descenso dejamos la carretera que nos llevaría a Laguna de Castilla a nuestra derecha y nos adentrarnos por el sinuoso camino que atraviesa un frondoso bosque de eucaliptos y castaños en una fuerte y continua ascensión que nos obligará a hacer un alto en el pequeño pueblo de La Faba.
Paco refrescándose

    Sin prisas, entretenido con la espesa vegetación me quedo rezagado. Sentado en aquel tronco de árbol donde conocí un día hace ya mucho tiempo a Eduardo ("el pibe") en situación parecida, mientras fumo un cigarrillo, me llama la atención un objeto que destaca sobre una piedra. Son unas gafas de sol que alguien ha dejado allí olvidadas. Las guardo en la mochila y decido continuar despacio la subida.

    El bosque queda atrás dando paso a las primeras casas de La Faba. Primi, sentado en el suelo, me está esperando.

En La Faba

    Tomamos una cerveza, sellamos nuestra "papela" y continuamos de nuevo la ascensión. Tanto los árboles como las casas han desaparecido ahora. El panorama a nuestra espalda es impresionante. Desde esta altura podemos divisar gran parte de la cadena montañosa de los Ancares iluminada en parte por el sol del atardecer.

Panorámica
Chema y Paco

    Primi de nuevo se adelanta o quizás soy yo quien se retrasa. De nuevo solo, continúo con lentitud la ascensión. Sentado en la piedra que marca la frontera entre León y Galicia veo acercarse a buen paso a un peregrino. Me pide que le saque una foto. Aparto la mochila de la piedra y se la hago.

Frontera entre Castilla y León y Galicia

    Continuamos ya por tierras gallegas, juntos, el resto del camino hasta O Cebreiro. Es vasco y no para de hablar. Se hace más de sesenta kilómetros diarios sin casi descansar. Se autoalaba continuamente. Pienso sonriendo ... " ... éste sí debe ser del mismo Bilbao ...". Decido separarme a la primera oportunidad. Ya a la entrada de O Cebreiro, nos separamos.

Chema y palloza

    Me acerco despacio al Albergue mientras admiro las bonitas pallozas celtas. Estamos a 1300 m de altitud. Si no recuerdo mal, la Plaza Mayor de Segovia está a esa misma altitud. Tendré que preguntar para confirmarlo.

    Son las 20:30.

    Entro por la puerta de abajo al Albergue. Ángel y Chema se están acicalando. No veo a Paco ni a Marino. Primi está al fondo en una litera baja y yo me instalo en la de enfrente, también baja.

    Se van a dar una vuelta mientras yo me quedo en la ducha. Cuando salgo, un grupo de siete peregrinas están preguntando por literas vacías. Les indico varias que hay a mi alrededor además de mostrarles las superiores de Primi y mía, también vacías. Mientras se instalan me comentan sus distintas procedencias: algunas danesas, otras finlandesas y otras noruegas. Sorprendido, les pregunto si son peregrinas a lo que me contestan que sí, pero que sólo por un día.

    A mi pregunta, a los pocos peregrinos que quedan en el Albergue, de si alguien ha perdido unas gafas, nadie se da por aludido por lo que las dejo guardadas en mi mochila y me olvido de ellas.

    Poco después, salgo en busca de mis amigos a los que encuentro rápidamente. Mientras los otros buscan un lugar donde cenar, Primi y yo tomamos una cerveza en la Taberna Moreno. Saludamos a Clare, que encontramos en una mesa tomando chocolate con ron y acto seguido salimos para reunirnos con los demás para comer algo. Cenamos algunas raciones acompañadas con ribeiro. Después del "elixir" salimos del restaurante con dirección al Albergue. Al pasar por la Taberna Moreno entramos a tomar otro. Allí encontramos al grupo de danesas que, sin dudarlo, se acercan a saludarme. Están tomando copas de brandy. Nos intercambiamos nombres. Sólo Elena habla algo de español. El resto, ni español ni inglés, por lo que escribimos los nombres en una servilleta: Anne, Kari, Malena ...

Conversaciones de Primi

    Ángel se ha marchado al Albergue para comprobar si ya lo habían cerrado. Preocupados por su tardanza, finalizado el "elixir", decidimos regresar.

    En el Albergue aún se mantienen las luces encendidas, aunque ya la mayoría de peregrinos están en sus literas. Después de alguna broma semántica con las danesas, caigo rendido en mi litera. El día ha sido largo y completo. El cansancio me vence rápidamente y, pronto, duermo profundamente.

    Pasada la media noche me despierta un ruido seco. Algo me ha rozado el pelo y ha golpeado contra el suelo. Curioso, con la mano toco un objeto cercano a mi cabecera. Resulta ser una botella llena de agua que se le ha debido caer a Kari desde la litera superior. Mientras bebo un buen trago pienso que ha estado muy cerca de “espabilarme”. La dejo en el suelo, cerca, y vuelvo a dormirme plácidamente.