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CAMINO DE SANTIAGO 2003

Desde Villafranca del Bierzo a Santiago de Compostela


Jueves, 15 de Mayo de 2003

De Ribadiso da Baixo a Pedrouzo (Arca) - 21,5 kms


    Me he levantado muy temprano y sin esfuerzo, algo inhabitual en mí. Levantarme es la cosa que más me cuesta cada mañana en mi vida diaria normal.

    Salgo del Albergue y me acerco al río para meter de nuevo mis pies en el agua. Es una sensación agradable y bonita, tanto la del agua en mis pies como la contemplación del remanso y la salida del sol.
Amanecer en Ribadixo

    Primi no tarda mucho en aparecer. Sentados en la escalera comentamos los últimos acontecimientos. Una muchacha rubia, a quien hemos visto en los albergues estos últimos días, se nos acerca y le pedimos que nos haga una foto. Se llama Simone y es alemana.
Ribadixo da Baixo

    Chema, madrugador nato, viene hacia nosotros extrañado. “Os acostáis los últimos y aparecéis los primeros”.

    Después de un rato, regresamos al Albergue para prepararnos. Al acercarme a mi litera veo a una muchacha que, intentando bajar de la suya, se ha quedado bloqueada con peligro de caerse. La sujeto para que no caiga y la ayudo a bajar. Me lo agradece. Es italiana. La felicito por la victoria de la Juve sobre el Madrid. Sonriente me dice que no entiende de fútbol.

    Poco después, dejamos las mochilas en la puerta del Albergue y subimos a casa de Carmen para desayunar. Finalizado el desayuno, nos despedimos alegres hasta otro año y regresamos por las mochilas.

    Una nota de Miriam, nos sorprende sobre una de las mochilas.
Nota de Miriam: anverso
Nota de Miriam: reverso

    Son las 09:00 de la mañana cuando decidimos comenzar la corta etapa.

    Primi se adelanta y salgo tras él, seguido por Ángel. El paso de Arzúa se me hace interminable. Es un pueblo muy estirado a lo largo de la carretera. Por fin Arzúa queda atrás. Aprieto el paso por ver si consigo alcanzar a Primi. Tras un par de horas de caminata rápida llego al Chiringuito “El Carro”.

    Un grupo de peregrinos españoles, ciclistas, están cómodamente sentados en una de las mesas de la terraza. Yo, después de cambiarme de camiseta, me siento en otra, extrañado de no ver a Primi. Debería haber llegado antes que yo. Saludo a Antonio, el jefe del chiringuito, que parece recordarnos del año anterior, y a su mujer. Ha modificado y modernizado las instalaciones. Ha suprimido el kiosko de helados que tenía al exterior y ha montado una barra de bar dentro de las cuadras, una vez que las ha techado. Ahora es un lugar cómodo y agradable para hacer una parada de descanso.

    Cuando me trae la cerveza veo a llegar a Primi. Extrañado le pregunto su tardanza. Se ha despistado en Arzúa y ha tenido que dar un rodeo. Aprovechando que va a pedir su cerveza se lleva nuestras “papelas” para sellarlas. Poco después llegan Ángel, Chema, Marino y Paco, un matrimonio de brasileños, (son los únicos brasileños que hemos encontrado este año), un grupo de peregrinos ingleses de la tercera edad, la alemana Simone acompañada por Katherine, también alemana, Federico, peregrino español de Cádiz, Berysin (?), mujer canadiense que también se había despistado donde lo había hecho Primi, y juntos habían estudiado su mapa, y algunos peregrinos más. El jardín es amplio y cómodo. Al sol se está divinamente. Descansamos un rato mientras Antonio nos hace alguna foto. Chema y Primi se fotografían junto a Simona y Catherine. Poco a poco, algunos peregrinos continúan su camino.
En el chiringuito "El Carro"
Katherine y Simone

    Poco después, continuamos el Camino hacia Arca con intención de parar a comer en el Hotel O Pino.

    Cerca ya del Alto de Santa Irene, mientras nuestros compañeros se han adelantado, Primi y yo entablamos conversación con Berysin, mujer canadiense de unos 60 años, muy simpática y animada, Viene desde Roncesvalles ella sola. Va muy despacio aunque no tiene ninguna prisa. Intenta aprender español y nos suelta algunas palabras como “fuente”, “hasta luego”, etc., repitiéndolas sin cesar. Comparte con nosotros su naranja y repite esta palabra intentando pronunciarla correctamente. “Naranko”, “naranka” ... Primi intenta corregirla pero es difícil ...

    Continuamos la marcha a buen paso. Tomamos una rápida cerveza en el Alto de Santa Irene, donde charlamos con el grupo de ingleses y saludamos al matrimonio de Brasil. Deben ser todos jubilados y por encima de los 65. Caminan despacio pero avanzan tanto como nosotros seguramente porque hacen menos paradas. Vemos llegar de nuevo a Berysin que pide un “sumo de naranka” y nos guiña el ojo.

    Sonriendo divertidos, continuamos nuestro camino.

    Bajo los eucaliptos nos sorprende Paco que aparece de repente de detrás de unos árboles con cara de haberse echado una siestecita. Se ha quedado a dormir un rato. Dice que le han despertado el grupo de jubilados ingleses. Ya juntos, los tres, llegamos al hotel O Pino donde se encuentran nuestros amigos acompañados por los tres portadores de “carritos”.

    Son las 15:00 horas.

    Después de la comida, decidimos acercarnos a Pedrouzo (Arca). Cuando salimos del restaurante veo la cámara de fotos de Chema colgada de su silla y le hago una seña a Ángel para que no diga nada, intrigado por ver qué pasa.

    Chema sale del local junto a los otros mientras yo recojo la cámara. Preparamos las mochilas y continuamos la marcha. Chema vuelve a entrar porque se le ha olvidado la botella de agua. Regresa con ella y nos sigue, despreocupado. Esta vez la habría perdido de verdad.

    Ángel comenta que el refugio de Arca tiene literas bajas e individuales. Acelero la marcha y pronto entro en el refugio. Mientras me anotan en el libro de peregrinos van llegando los demás. Miriam y Paolo nos saludan, sonrientes. Miriam me comenta que tenga cuidado con el agua porque abrasa.

    Ya en la sala de literas nos duchamos con agua completamente fría. Sonrío al recordar las palabras de Miriam.

    Poco después cruzamos la carretera y entramos en el Compás, restaurante-bar de nuestro amigo Guillermo, con intención de jugar una revancha al mus. Primi se ha quedado tumbado en el refugio, algo tocado.
Descansando en el Albergue de Arca

    Cuando entro en el establecimiento no veo a la perrita “chiuaua”. Guillermo está sentado en un taburete de la barra charlando con uno de sus clientes. Nos saludamos y acordamos echar después una partida. Me comenta que su hija, Yesica, ha sufrido un accidente hace unos meses y está en rehabilitación. Le deseo lo mejor para ella. Le entrego una foto donde estamos los tres, su hija, él y yo, y la pone en un cuadro de anuncios con una chincheta donde ya hay otras fotos.

    Mientras jugamos la partida de mus Chema, al tiempo que rompe el vaso de su “cubata”, nos comenta que no encuentra su cámara de fotos. Sin hacerle demasiado caso le sugerimos que seguramente la tenga dentro de la mochila. Continuamos jugando aunque se le ve preocupado. Quiere abandonar la partida para ir a buscarla, a pesar de estar seguro de que no la tiene en su mochila porque la ha buscado antes por todas partes. Todos sabemos que la tengo yo excepto Marino y el propio Chema. Acordamos que cuando acabe la partida puede llamar por teléfono al Hotel O Pino y preguntar si la han recogido allí.

    De nuevo la partida finaliza con su victoria y nuestra derrota. Chema, pegado al teléfono del restaurante, llama al Hotel O Pino desde donde le informan que no han recogido máquina alguna. Cada vez más preocupado intenta llamar al chiringuito “El Carro”, pero no lo consigue. Parece dispuesto a regresar a buscarla, mientras nosotros jugamos una nueva partida. Esta vez jugamos Paco y Ángel contra Guillermo y yo. Por fin gano una partida. Ángel ha perdido las tres que ha jugado a lo largo del Camino.
Mus con Guillermo

    Le comento, muy serio, a Chema que si ha perdido nuestras fotos es para matarle, mientras él, ya muy preocupado, continúa al teléfono sin saber que decisión tomar.

    Buscamos una forma para tranquilizarle y decidimos decirle que Primi ha encontrado la máquina en el refugio. Cuando se lo comunico no sabe si creerlo o no. Llamo a Primi para decirle que nos llame a su vez y le diga a Chema que la máquina estaba al lado de su mochila, pero Chema se me acerca y escucha la conversación. Primi no me entiende y yo no quiero hablar claro para que Chema no se de cuenta.

    Finalmente vuelve al refugio y, al poco rato, regresa eufórico y contento convencido de no haber perdido la máquina. Ya en la cena le explicamos, muy divertidos, lo sucedido. Seguramente, no la vuelva a perderla pues será difícil que olvide el mal rato pasado.

    Saludamos a los tres peregrinos de la CCM y decidimos cenar.
Peregrinos de la CCM
Cena en "El Compás" de Guillermo

    Poco después nos acercamos al refugio con intención de echarnos a dormir.

    Son las 23:00 horas.

    Esta noche, en algunas ocasiones, Primi me ha despertado. Debía estar roncando a mis anchas.