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CAMINO DE SANTIAGO 2003

Desde Villafranca del Bierzo a Santiago de Compostela


Domingo, 11 de Mayo de 2003

De O Cebreiro a Samos - 30 kms


    07:00 de la mañana. El vasco que había conocido la tarde anterior se levanta y nos da la luz de la habitación del albergue.

    La botella de agua está ahora medio vacía y junto a otra, de Primi. He debido beber de las dos esta noche, aunque no lo recuerdo.

    Pronto todo el mundo se activa excepto el grupo de mis amigas. Me despido de ellas que se quedan en sus sacos sin intención aparente de levantarse. A las 08:30 estamos desayunando en la Taberna Moreno de nuevo. La mujer se queja de varios peregrinos "jetas" que se han marchado sin pagar.

    A través de la ventana vemos pasar a varios peregrinos que, sin detenerse, han decidido efectuar la etapa siguiendo la carretera. Por el contrario, nosotros, después de pagar los desayunos y despedirnos de Ana, nos dirigimos hacia la fuerte subida del monte que nos llevará hasta Hospital da Condesa, pasando por el pueblo de Liñares.

    Son las 08:30.

    La mañana es calurosa y, aunque luce un sol brillante, el camino se hace agradable bajo la sombra de los pinos. Marino decide seguir una vereda que aparentemente desembocará en algún lugar del camino, mientras nosotros seguimos ascendiendo por el propio camino. Pronto le perdemos de vista. También Paco se ha ido rezagando.

Subiendo en dirección Liñares

    Ángel, Chema, Primi y yo, nos hacemos alguna foto al pasar Liñares.

Liñares
Primi

    Poco después nos desviamos hacia el Albergue de Hospital da Condesa, donde sellamos nuestra “papela”, nos cambiamos la mojada camiseta y descansamos un poco. Vemos a Marino acercarse poco a poco y a los franceses y al belga pasar con sus espectaculares “carritos”. Otros peregrinos pasan a lo lejos.

    Marino nos comenta que Paco viene muy retrasado.Recordamos la gran ventisca que nos azotó allí mismo el pasado año y que destrozó nuestros paraguas.

    Son las 10:00 de la mañana.

    Continuamos sin esperar a Paco hacia el Alto do Poio. Conectamos con los peregrinos del “carrito” y nos acompañamos mutuamente por un rato. Después nos desviamos hacia el camino mientras ellos continúan por la carretera.
Con los "carritos"

    Atravesando Padornelo, me quedo rezagado en una agradable fuente. Hace calor y descanso un rato, a la vez que disfruto del agua fresca. Los peregrinos de la CCM pasan y me saludan sin detenerse. Poco después culmino la corta y, a su vez, empinada ascensión que termina en el Mesón del Peregrino, ya en el Alto do Poio, donde mis amigos están a la espera de las correspondientes cervezas. Después me comentarían que Primi la ha subido corriendo, al igual que hace habitualmente en la Cuesta de Los Hoyos, cuando en invierno entrenamos en Segovia.

    Son las 10:50 de la mañana.

    Chema se ha descalzado completamente y mantiene una bolsa con cubitos de hielo en su rodilla, mientras, aprovechando su situación, nos mantiene ocupados con sus peticiones. “Ya que estás levantado ... “, “Ya que estás ahí ... “ ...

    Un buen número de peregrinos descansan al sol en las mesas de la terraza. Clare, su amigo irlandés, Judit la australiana, los franceses, el suizo, varios peregrinos ingleses, Laura y su marido Coleman y algunos otros que no conozco ...

    Sentados a la mesa, al sol, mientras Rocío y su madre nos acercan algunas jarras de cerveza, vemos pasar un rebaño de vacas que nos recuerda, divertidos, algunas incidencias sufridas por Ángel con estos animales.

    Judit, la australiana, mirando con el ceño fruncido al sol, me comenta apenada que ha perdido sus gafas el día anterior subiendo el O Cebreiro. Sorprendido por la coincidencia, le explico en mi pobre inglés que yo encontré ayer unas gafas al comienzo de la subida. Sus ojos se han abierto como platos, incrédula. Cuando repito mi afirmación, su alegría ha sido inmensa. Sonriente, temeroso de haberlas aplastado pues las había olvidado por completo, me dirijo a mi mochila y, después de sacar el saco de dormir y algunas otras cosas, allí estaban, intactas, sanas y salvas.

    Ella, con gran alegría, me ha dado las gracias, mientras me sonrojaba al escuchar su comentario ... “You are a beautifull man”. Poco a poco los peregrinos han ido desfilando ...

    Contactamos con Paco por el móvil. Aún se encuentra en Hospital da Condesa y viene despacio. No quiere que le esperemos. Después de algunos comentarios sobre nuestras ampollas en los pies decidimos continuar.

    Son las 12:00. Hace mucho calor.

    La bajada desde el Alto do Poio siempre me ha sorprendido por su belleza. La panorámica de los numerosos montes, valles, verdes prados y remotos caseríos diseminados por el paisaje es impresionante.

    Después de hacernos alguna foto ante el Monumento al Peregrino donde, recuerdo, un día Jesús se olvidó el paraguas, tomamos la vereda que nos conducirá hacia Fonfría y, poco después, a O Biduezo. Son unos seis kilómetros a veces de bajada, a veces en llano, que se hacen muy agradables.

En el Monumento a los Peregrinos
En el Monumento a los Peregrinos

    Cuando llegamos al Bar-Restaurante (y ahora Hostal) Betularia, en O Biduezo, encontramos a Isabel dando de comer a su nieta en una mesa de tronco de árbol en la terraza. Han reformado y ampliado con buen gusto la terraza exterior siendo ahora un lugar muy agradable donde el peregrino puede descansar.

Abuela, madre e hija

    Después de saludar a las tres mujeres, abuela, hija y nieta, y entregarles una foto del pasado año que llevaba conmigo para ellas, nos hemos instalado con, como es habitual, nuestras cervezas, acompañadas con algunos pinchos de queso y jamón que nos ha servido la hija de Isabel.

    Marino pronto ha entablado conversación con el marido de Isabel sobre un antiguo y ahora precioso tractor de color azul cielo que éste ha restaurado y que se encuentra aparcado delante de nosotros. La disertación sobre el motor, la forma de arrancarlo, la carrocería, las piezas, etc. ha sido muy interesante, aunque no ha parado ahí la cosa. Sin dudarlo, han arrancado el tractor y, ante nuestras asombradas miradas, se han dado una vuelta, con Marino sentado en un lateral. El ruido del motor es limpio, similar al de las famosas Harley Davidson, motos que personalmente me apasionan.

    Marino, sin duda, entiende de estos tractores.

Clases teóricas de Marino

    Bromeamos divertidos con él. “Entiendes más de tractores que de teléfonos”.

No podían faltar las clases prácticas

    La tertulia se alarga. Paco ha llegado y, según el mismo comenta, se encuentra en “la Gloria”. Por él, podríamos quedarnos allí a comer. Decidimos, sin embargo, continuar hasta Triacastela pues, después de comer, aún nos quedarán 10 kilómetros hasta Samos.

Ganado en el Camino

    Son las 14:10 horas cuando arrancamos algo desganados, después de tomar algunas fotos. Junto a Primi, acelero el paso con idea de recorrer los seis kilómetros lo antes posible. Aunque pronto divisamos Triacastela, la llegada hasta las primeras casas se nos hace interminable. Es un continuo descenso que parece que nunca va a concluir. Comentamos la necesidad de revisar nuestro GPS pues nos parece que hay más kilómetros de los allí anotados.

Iglesia

    Frente al Albergue, ya en Triacastela, nos saludan el grupo de Clare, Laura, Coleman, Judit, y algunos peregrinos más, que se encuentran tranquilamente sentados en la terraza del bar. Su etapa de hoy ha concluido pues se quedan en el Albergue.

Ángel. Iglesia de Triacastela
Chema. Iglesia de Triacastela

    Sin detenernos, disimulando sonrientes nuestro cansancio, continuamos la marcha con paso potente y decidido, mientras escuchamos a Judit gritar eufórica: “¡¡¡ My hero !!! , ¡¡¡ My hero !!!”, con lo que vuelvo a sonrojarme muy divertido.

    Poco después llegamos, cansados, al mesón Xacobeo, seguidos por Chema y Ángel, después de hacerse algunas fotos en la bonita Iglesia de Triacastela.

    Son las 15:20.

    Preparamos un par de mesas a la sombra y pedimos a Ana unas cervezas mientras decidimos si esperamos o no para comer a Marino y Paco que se nos unen a las 15:45.

    Chema pide sus correspondientes cubitos de hielo para su rodilla que se le caen y desparraman por el suelo cuando movemos las mesas más hacia la sombra. Comentamos nuestros hombros doloridos debido al peso de las mochilas. Exceptuando a Primi, que ya tiene las suyas, parece que de ampollas estamos bastante bien.

    Algunas raciones de pulpo acompañadas por ensaladas y ribeiro blanco nos sirven para reponer fuerzas. Finalizada la comida, descansamos mientras tomamos café y nuestros correspondientes “elixires”.

    Clare, Judit, Laura y Coleman han venido a visitarnos y a despedirse, pues tienen intención de ir más despacio. Llegarán dos días después que nosotros a Santiago. Fácilmente no volveremos a encontrarnos. Les invitamos a un “elixir” y repartimos nuestras famosas tarjetas con nuestro correo electrónico y dirección de la página web al tiempo que anotamos los suyos. Paco nos deja tirados al repartir sus tarjetas especiales que incluyen su foto, seleccionada de entre otras por él mismo.

Clare

    Mientras hacemos algunas fotos charlamos sobre las diferentes dedicaciones habituales de cada uno. Clare es abogado y acaba de encontrar su primer trabajo. Laura es profesora de Historia y ha pasado algún tiempo en Barcelona junto a su marido, Coleman, que también es profesor de Historia y además imparte clases de inglés. Me anota una página donde puedo hacer prácticas de inglés y comunicarme con él. Le prometo hacerlo. Judit, la australiana, se ha despedido y se ha marchado. Ya no volveríamos a encontrala. ¡¡¡ Suerte, Judit !!!.

Laura y Coleman
Laura y Marino
Clare
Clare y Laura
Judit y Clare

    La conversación se centra luego en la Catedral de Santiago, en la impresionante misa de las doce de los sábados donde hacen mención de todos los peregrinos llegados y sus diferentes procedencias y en la que generalmente bambolean el botafumeiro, en la comida, en la despedida ...

    Les animamos a adelantar su llegada. Clare me coacciona:

  • Clare ___ “If we arrive on saturday, you must play a sing in your harmony for us”.
  • Me _____ “Ok, but, if you don’t arrive on saturday, what must I do ?”
  • Clare ___ “Oh, then, you must too play a sing but thinking about us”.
  • Me _____ “That’s ok”.


  • Nos despedimos. Aunque estaremos en contacto seguramente no volvamos a encontrarnos. Es tarde y debemos llegar hasta Samos.

    Son las 17:30.

    Los diez kilómetros hasta el Monasterio de Samos se me hacen, como siempre, interminables. El camino transcurre entre bosques con fuertes ascensos que culminan con leves descensos para volver a empinarse hacia arriba en una inacabable subida.

Paco y Ángel

    Primero junto a Primi y Marino, que se entretienen delante de mí en una divertida pugna muy competida para dejar claro quién es el “campeón de apagado de vela”, y sólo con Primi después, nos vamos quedando muy rezagados. Cerca ya del Monasterio le conmino a Primi a que continúe mientras yo me siento en una roca a descansar.

    Solo ahora, concentrado en pensamientos que no recuerdo, poco a poco avanzo hacia la última empinada cuesta que desemboca luego en una interminable bajada hasta el pueblo y luego el Monasterio. Un buen trago de agua fría en la fuente a la entrada del pueblo me anima a finalizar la etapa.

Monasterio de Samos
Ángel

    Ya en la puerta del refugio aparece Chema, recién aseado, que se dirige con rapidez al Hostal Victoria comentándome sin detenerse su decisión de tomarse una Coca-Cola con un poquito de ginebra. Un “cubata”, vamos.

    Cuando entro en el refugio ya mis compañeros se han duchado y se preparan para salir a buscar un lugar donde cenar.

    El refugio está bastante oscuro o, al menos, eso me parece a mí, quizás porque mis ojos aún no se han acostumbrado a la escasa luz de la sala. Sentada en la mesa de recepción de peregrinos hay una mujer. Le pregunto si debo darle el nombre pero no me contesta. Creo que es porque no me ha entendido o ha pensado que no hablaba con ella. Se levanta y se dirige al fondo del Albergue, cerca de los lavabos, junto a otra peregrina. Primi me comentaría después que son dos alemanas que vienen desde Roncesvalles. Luego me doy cuenta de que estaba apuntándose en el libro de peregrinos. Me apunto yo mismo con el número 10. Reviso curioso la procedencia del resto de peregrinos, en realidad, sólo cuatro. Las dos alemanas de 41 y 48 años, respectivamente. Un joven finlandés y un español de los que no recuerdo su edad.

    El albergue, con gran capacidad de literas, se encuentra, por lo tanto, vacío. Me ducho tranquilamente, aunque con agua fría, como siempre me ha sucedido allí, me cambio de ropa y salgo en busca de mis amigos que se encuentran en el Hotel Victoria.

    Me comenta Ángel que el “Mesón El Gallo” está cerrado por lo que decidimos cenar allí mismo.

    Chema y Ángel enredan durante la cena con los móviles. A Chema continúan sin funcionarle algunas teclas, por lo que le es difícil efectuar llamadas así como enviar mensajes. Le comento que su mujer o su hija van a pensar, al recibir sus mensajes, que está “bolinga”, pues aparecen cortados o con signos o palabras extrañas. Cuando Paco me enseña el suyo me quedo de piedra. Increíble. Los textos le aparecen al reves y boca abajo. Como si estuvieran reflejados en un espejo, pero además invertido. Para poder utilizarlo tiene que apagarlo de vez en cuando. Entonces el móvil funciona con normalidad hasta que, después de un tiempo, vuelve a su extraña posición.

    Después de la cena, una corta tertulia mientras tomamos nuestros correspondientes “elixires” y al refugio.

    El día ha sido muy largo, la etapa interminable, me siento realmente agotado. Escuchando estupefacto los continuos e impresionantes estornudos de Chema me quedo profundamente dormido.