Página Principal

Inicio

Mi primer Camino

Contactos
Villafranca
O Cebreiro
Samos
Portomarín
Palas de Rei
Ribadiso da Baixo
O Pedrouzo (Arca)
Monte do Gozo
Santiago de Compostela


macardiel@terra.es


CAMINO DE SANTIAGO 2003

Desde Villafranca del Bierzo a Santiago de Compostela


Miércoles, 14 de Mayo de 2003

De Palas de Rei a Ribadiso da Baixo - 26,0 kms


    Chema, que ha dormido en otra habitación, nos despierta temprano. Poco a poco el Albergue se pone en movimiento. Varios peregrinos, entre ellos las dos alemanas que Primi había conocido en Samos, han debido madrugar porque han desaparecido dejando sus literas vacías.

    El agua de la ducha está fría. Me cuesta un tremendo esfuerzo meterme debajo. Efectúo una pequeña ITV con baselina para mis pies, organizo de alguna manera mi mochila y salgo dispuesto a realizar la nueva etapa. Hoy serán 26 kilómetros.

    Desayunamos en una cafetería cercana al Albergue y nos disponemos a partir. Vemos pasar, solo, al aleman que camina con la catalana. Primi y yo, sentados fuera de la cafetería mientras fumamos un cigarrillo, hacemos, divertidos, nuestras conjeturas. Nos reímos. Siempre imaginamos las situaciones según más nos gustaría, según mejor nos conviene ...

    Son las 8:45. De nuevo un día espléndido.
Paco comienza la nueva etapa

    Pronto nos vamos separando. Me adelanto a buen ritmo y me adentro en espesos bosques de eucaliptos. El terreno es de tierra, húmeda y se camina bien. Entretenido mientras cuento mis pasos cada 500 metros, dejo atrás Casanova y poco a poco me acerco a Laboreiro.

  • 642 pasos en los primeros 500 metros.
  • 640 pasos, en los siguientes.
  • 643 pasos, en otros 500 metros.


  • Pienso hacer la cuenta de los pasos aproximados que daré en total hasta llegar a Santiago.

    El sombrío camino transcurre escondido entre los árboles y se estrecha a lo largo de algunos kilómetros. Recuerdo el susto que algunos perros me dieron hace algunos años mientras juego con uno de los petardos en mi mano, por si acaso. Esta vez, aunque escucho potentes ladridos, no veo ninguno.
Casanova

    Hace tiempo que no veo peregrinos ni tampoco personas del lugar. Aunque el sol luce en el cielo voy por sombra pues los árboles lo ocultan completamente. Un km antes de llegar veo un cartel publicitario que anuncia la Casa de los Somoza. Animado por la cercanía, vuelvo al recuento de pasos aunque esta vez pierdo la cuenta cuando un silbido me hace volver la cabeza. Por detrás viene Primi, "en su moto", intentando alcanzarme. Le espero. Una vez juntos reanudamos la andadura con el fin de llegar lo antes posible a la Casa de los Somoza.
Chema cerca de Casa de los Somoza

    Poco tiempo después entramos en la cómoda y agradable terraza. Puri nos saluda y pronto nos reconoce y nos da un par de besos. "Los peregrinos segovianos". Enérgica y decidida, como siempre, nos anima a quitarnos las mochilas y a entrar dentro del restaurante porque le parece que fuera hace frío. Decidimos quedarnos fuera, tendemos nuestras camisetas al sol en un tendedero que nos muestra su marido tras el edificio de la barra exterior del Restaurante, nos quitamos las botas y pedimos dos buenas cervezas que nos saben a gloria.

    Nos presenta a Julia. No la conocíamos de años anteriores aunque afirma que siempre ha estado allí.

    Su marido, después de saludarnos, se va al pueblo a efectuar algunas compras. Mientras llegan, sudorosos, el resto de nuestros compañeros.
En la terraza de Casa de los Somoza

    Ángel no encuentra su “papela” y nos amenaza: " ... de aquí no se mueve nadie hasta que no aparezca". Nos miramos unos a otros con picardía pensando que alguno la habría recogido, pero nadie dice que la tenga. Desconfiando unos de otros, sonreímos. Todos estamos seguros que alguno la tiene, pero nadie sabe quién. Ángel, después de buscarla preocupado, hace una recapitulación de los últimos acontecimientos con el fin de recordar dónde podría haberla dejado. Por fin, se acerca a su mochila y comprueba que se le ha caído debajo. Inmediatamente le exigimos una disculpa por haber dudado de nosotros.

    Suena el móvil de Ángel. Es Enrique, que nos saluda desde Segovia. La comunicación se corta varias veces por lo que Ángel decide llamarle desde el teléfono del Restaurante. Sin levantarme, desde mi silla pues estoy descalzo, le envío mis saludos a través de Ángel. Paco habla con sus compañeras del trabajo.

    Pedimos otras cervezas y algunas raciones de queso y chorizo. Estamos en “la Gloria”.

    Comento a mis compañeros los pasos que doy cada 500 metros: 640. Por una simple regla de tres, calculo que tendré que dar un total aproximado de 256.000 pasos para hacer esta parte del Camino (unos 200 kilómetros) hasta Santiago.

    Ángel comenta con Puri lo fácil que es pasarse del lugar si vienes viajando en coche pues el complejo no se ve desde la carretera. Puri nos explica que el Concejo les ha obligado a quitar los carteles publicitarios de la carretera. "En Castilla se anuncian hasta los puti-clubs y aquí no podemos anunciar nuestro negocio", se lamenta enojada.
Casa de los Somoza
Hórreo y carro en Casa de los Somoza

    Ángel pregunta a alguien que sale del interior del Restaurante y a quien oye hablar algo: “ ¿ Eres argentino, verdad ?”. “Sí, de Sevilla”, le contesta sonriendo el hombre con acento andaluz. Primi alaba, divertido, la facilidad que tiene Ángel para adivinar la procedencia de los peregrinos por su acento. Nos reímos, muy divertidos.

    Probamos a hacer el famoso ruido que Paco hace tan perfecto con las servilletas. Siempre me ha hecho mucha gracia cómo deja las servilletas. Chema lo hace con pétalos de rosas y parece que le suena bien. Tendremos que probarlo más despacio.

    Allá abajo, en la lejanía, se divisan las primeras casas de Melide. Estamos a unos 6 kilómetros. Por la carretera vemos pasar grupos de peregrinos que nos saludan sonrientes y continúan su lenta marcha. Miriam y Paolo, la familia americana, los franceses y el suizo con sus espectaculares carritos, las dos alemanas que no lograría conocer en todo el Camino, el grupo de austriacas ...

    Julia nos muestra un cesto con unos preciosos perritos recién nacidos.
Michel saluda a la madre de los perritos
Ante el hórreo y el carro

    Recogemos nuestras camisetas del tendedero de la finca mientras hacemos algunas fotos. El hórreo es precioso. A su lado, un bonito carro antiguo ha encontrado allí su definitivo y seguramente merecido descanso. Una vez preparados para continuar la marcha, Ángel pregunta a Puri si tiene orujo bueno. Puri inmediatamente nos pone varias copitas para probarlo. No está nada mal a pesar de lo temprano de la hora. Deja en el mostrador al aire libre la botella con el líquido blanco. Algunos repetimos. Quedamos en hacerla algún encargo de botellas cuando regresemos a Segovia.
Tendedero

    Nos despedimos prometiendo volver y comenzamos el Camino hacia Melide.

    La mañana es espléndida. El sol luce ahora vertical sobre nuestras mochilas haciéndonos sudar copiosamente. Como tantas veces, pronto nos vamos separando, aunque esta vez no nos perdemos de vista. Marino va algo adelantado. Le comento a Primi sonriendo que podríamos tirarle una piedra para comprobar si se encuentra a una distancia de "tiro de piedra", a más, o a menos. Nos reímos.

    Conectamos con la familia americana y, con ellos, pronto llegamos al polígono industrial de Melide. Inesperadamente, tomo la botella de agua que Primi lleva en su mochila y le pongo a Ángel perdido. Ángel le pide la cantimplora a Maya y corre tras de mí con intención de mojarme. Es difícil correr con la mochila pero corro cuanto puedo para evitar el agua. Ángel, al no lograr alcanzarme, moja a Maya y a Rosita, que, ingenuas, se encuentran a su lado.

    Muy cerca sabemos que hay una fuente. Ángel se adueña de ella e intenta mojarnos a todos. Es difícil separarle de ella, aunque lo logramos a cambio de un pequeño remojón. Después de una breve pelea, en la que acabamos mojados todos, incluidos los padres de Maya y Rosita y un peregrino francés, de edad avanzada, con el que venimos coincidiendo en los albergues, continuamos contentos la marcha hacia Furelos, mientras toco algo en mi armónica. A Maya le encanta. Rosita nos comenta que toca piano y que le gusta también la guitarra.

Amigas de Ángel
Puente románico
Nuestros amigos americanos

    Ya en Furelos, algunos entran a la Capilla del Cristo de la Mano Tendida.

    Mientras espero sentado en la escalera, llegan Miriam y Paolo, quienes se extrañan de que siempre nos dejan atrás en alguna cafetería tomando nuestras cervezas y luego nos encuentran otra vez delante de ellos. En broma les pregunto si no han visto un helicóptero por el cielo. "Es nuestro y viajamos en él, por eso siempre os adelantamos”.
Primi

    Poco después Primi y yo nos adelantamos con idea de visitar al fotógrafo que tan amablemente nos hizo y envió, hace ya dos años, una foto de estudio, sin cobrarnos nada. Queríamos agradecérselo obsequiándole con un libro de "La Cocina Segoviana" que llevo en mi mochila y que pesa lo suyo. Aunque el fotógrafo ha cambiado de lugar y de local, pronto, preguntando, le encontramos.

    Muy sorprendido nos agradece el regalo. Prometemos volver después de comer para hacernos otra foto, aunque esta vez se la pagaríamos. Después de despedirnos, con la mochila ahora menos pesada, nos dirigimos hacia el Exequiel, donde ya se encuentran nuestros amigos. Saludamos a nuestro amigo Jorge y nos disponemos a comer el famoso pulpo con patatas acompañado con cuencos de fresco ribeiro blanco.
Jorge en el Exequiel
El pulpo

    Acompañados por Miriam y Paolo, damos cuenta del pulpo, las patatas, el ribeiro, cafés y orujo, todo en el mismo cuenco.
Comiendo con Miriam y Paolo
Otra con Miriam y Paolo

    Mientras nuestros amigos continúan el camino hacia Ribadiso da Baixo, Primi y yo nos acercamos de nuevo al fotógrafo. Después de varias tomas recíprocas, pues él nos hace varias fotografías en su estudio y yo les hago otras, a él y a su empleada, con una de esas máquinas de usar y tirar, nos despedimos y continuamos nuestra andadura.
Fotógrafo y su simpática empleada
Maya y Rosita
Mark, Maya y Rosita

    Nos vamos haciendo algunas fotos probando nuestra recién adquirida máquina. Tomo una de una gran plasta de vaca que encontramos en nuestro camino. Cuando me doy cuenta, Primi se ha adelantado y ya no le veo.
De la vaca ...
Aquí le perdí ...

    Pienso en el partido del Real Madrid - Juventus y me decido a acelerar la marcha con intención de conectar con Primi. Ya fuera de Melide me lo encuentro sorprendido. Le hacía mucho más lejos. Parece que ha dado, despistado, un par de vueltas al pueblo, sin encontrar la salida. Continuamos un rato juntos hasta que le pierdo otra vez de vista. Va mucho más rápido que yo. Pienso, sonriente, si será debido a su ya "famosa Hardley". Llegando a Castañeda, le llamo a Ángel. Están esperándonos en Casa Manuel, mesón de nuestra amiga Carmen, situado a unos 100 metros del Albergue de Ribadiso. Me sorprende que Primi aún no haya llegado.

    La tarde es agradable. Acelero la marcha pues temo perderme el partido. Poco tiempo después diviso el edificio del antiguo Hospital de San Juan, adaptado como Albergue de Peregrinos y al que, familiarmente llamamos Albergue de Ribadiso. Cien metros antes entro en Casa Manuel. Allí están todos, charlando con Carmen, a la que saludo afectuosamente. Ella me pregunta algo inquieta por "el chiquitín". Mi sorpresa ha sido mayúscula al comprobar que aún no ha llegado.
Carmen
Carmen y Chema

    En los tres años que hemos efectuado el Camino juntos, nunca ha llegado con normalidad a Ribadiso. El primer año, a las dos de la mañana, debido a su lento caminar, por las ampollas. El segundo, después de sufrir una gran pájara antes de llegar a Furelos, seguramente por el calor, llegó a Ribadiso en coche todo terreno conducido por nuestros amigos de Asistencia Civil. Éste, no ha llegado aún. Poco después nos llama diciendo que se había perdido y que ya estaba cerca.

    Ángel me presenta a “Zapatones”, famoso peregrino que anda siempre por la Catedral de Santiago.
Montse y Zapatones

    Mientras charlamos comienza el esperado partido de fútbol. Tomando un ribeiro blanco y un platito de aceitunas verdes deliciosas, que me sirve Montse, me encuentro bajo el televisor centrado en la competición. El juego del Madrid no me está gustando. Seguramente perderá. Pido a Montse más aceitunas. Sonriendo, me dice que me compadece, pues pierde el Madrid. Carmen me amenaza por haberle dicho a Montse que la voy a pedir que le suba el sueldo.

    Ya comenzado el segundo tiempo, llega Primi. Son las 21:50.

    Carmen sale, afectuosa, a saludarle. Se abrazan. Nos comenta que se ha perdido y ha dado unas cuantas vueltas por ahí.
Llega Primi ...
Carmen sale a saludarle ...
Vienen ...
Posan ...
Dentro, en la barra ...
En la puerta

    “Zapatones” se marcha, acompañado por Sofía, portuguesa que estudia el Camino de Santiago. Mis amigos salen a despedirles y aprovechan para hacerse una foto juntos.
Sofía y Paco
Se marchan Sofía y Zapatones

    Ya finalizado el partido con derrota del Madrid, cenamos allí mismo. Tomamos unos “elixires” y cuentan algunos chistes. Tanto Carmen como Primi tienen un buen repertorio. Ángel nos cuenta el del camello y nos partimos de risa.
Cenando
Ángel haciendo el camello ...

    Mientras algunos se marchan hacia el Albergue, Primi y yo tomamos un último cubata mientras charlamos con Carmen y su marido. Cuando nos despedimos, intento ponerme la bota del pie derecho. No me entra de ningún modo. Le comento a Primi que creo que alguien me la ha cambiado. Primi me presta una de sus zapatillas y nos dirigimos al Albergue. Llevo mi bota en la mano. La noche es hermosa. Ya en el Albergue metemos los pies en el río, que lo agradecen, mientras fumamos un cigarrillo. Reviso mi bota. La plantilla se ha doblado hacia dentro y es por eso por lo que no me cabe el pie. La saco y pruebo. Ahora sí, todo está controlado.
El remanso en el río ...
... en el Albergue de Ribadiso

    Alumbrando con la linterna de Primi, sin hacer ruido, buscamos dos literas libres y allí nos instalamos.

    Pronto duermo profundamente.