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CAMINO DE SANTIAGO 2001
De Segovia a Cacabelos: Faltan 190,1 kms


Viernes, 4 de Mayo de 2001

Junto a María Victoria y Ángela, Michel, con su flamante mochila comprada unos días antes en Caprabo, había llegado a la Estación de Autobuses de Segovia minutos antes de la hora prevista.

Marino les esperaba con intención de despedirles.Después de una larga preparación a lo largo de todo el invierno había decidido no acompañarles debido a asuntos personales surgidos a última hora.

Primi, acompañado por Jose María, después de tomar un café en el bar anexo a la Estación, se había acercado a la larga cola con intención de comprar los billetes. Cuando ya había abonado su importe, apareció Jesús, acompañado por María Teresa, y con los billetes, ya comprados, en la mano. Al de la ventanilla no le hizo mucha gracia devolver el importe que ya Primi le había entregado.

Preocupados por la tardanza de Ángel, se habían acercado al autobús que, repleto de pasajeros, se disponía a efectuar su salida. Justo en el último momento habían llegado Ángel y Juan Pablo.

Después de una rápida despedida los cuatro amigos subieron al autobús que, puntual, dejó atrás con rapidez las últimas construcciones de la ciudad rumbo a Valladolid.

La claridad de la tarde se veía empañada por algunas lejanas nubes que presagiaban lluvias. Por fín, el anhelado viaje había comenzado. El trayecto, a pesar de la incomodidad del autobús, se les hizo agradable.

Adormecidos por el calor, después de hora y media, llegaron a Valladolid donde tomaron un nuevo autobús, esta vez mucho más cómodo, que les llevaría hasta Ponferrada.

Entretenidos por una película sudamericana, superficial y de baja calidad, que al estropearse el video no les fue posible ver el desenlace, llegaron a Ponferrada. Eran las 20:30 de la noche.

Como ya habían hecho el año anterior, directamente buscaron la báscula para pesar las mochilas:

Jesús: 13,000 kgs.
Angel: 12,700 kgs.
Primi: 11,250 kgs.
Michel: 11,000 kgs.



Albergue Municipal de Cacabelos


Poco tiempo después, un nuevo autobús les llevaría rápidamente a Cacabelos, desde donde comenzarían su andadura al día siguiente.Cargados ya con sus respectivas mochilas, después de preguntar por el albergue a una simpática mujer que encontraron en la puerta de un bar, cruzaron el pueblo y el río. El albergue, debido a las pasadas inundaciones, estaba cerrado. Una niña les indicó la existencia de otro albergue.

Volvieron a desandar lo andado y, junto a una mujer dispuesta a acompañarles hasta el lugar, llegaron al albergue de las antiguas Escuelas. Igualmente lo encontraron cerrado. La mujer, insistente, les acompañó hasta la casa del Alcalde. La madre del Alcalde, después de una interminable espera mientras bajaba las escaleras de la casa, les informa que su hijo, el Alcalde, lleva tres días desaparecido.

La mujer andarina les ofrece amablemente para dormir el salón de su casa. Los cuatro amigos deciden por fín instalarse en el Hostal El Molino que habían visto en su ajetreo por el pueblo. Les costaría 4.000 pts. por cada habitación doble.

Una vez acoplados, ya sin las pesadas mochilas, se dirigieron a cenar al Restaurante Prada a Tope.


En Prada a Tope, Cacabelos


El local era sumamente agradable, adaptado con muy buen gusto, y muy acogedor. Yesica, una muchacha preciosa y muy simpática, sonriente, les bromea y sorprende al decirles que todo está reservado por lo que no hay plazas. La cena, entre las bromas de Jesús con sus "porquerías" en el "water" y su insistencia en la prohibición de fumar, se les hizo muy agradable. El famoso "botillo", junto a las ricas empanadas y el excelente vino tinto, les pareció exquisito. Después del orujo "cojonudo", según el propio dueño del restaurante, y de visitar la elegante tienda anexa atestada de atractivos productos, deciden regresar al hostal, no sin antes tomar un par de "elixires" más en el restaurante El Apostol, donde un simpático camarero les cuenta algunas de sus peripecias en el Camino.

Ya en la habitación del hostal, a Primi se le abre la mochila y caen al suelo un montón de caramelos. Seguramente llevaba cerca de un kilo. Poco después, al quitarse los pantalones, varias monedas ruedan por el suelo, lo que le hace mucha gracia a Michel.

Después de comentar lo extraño de la ausencia de otros peregrinos, se quedaron profundamente dormidos.