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Mi primer Camino

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CAMINO DE SANTIAGO 2003

Desde Villafranca del Bierzo a Santiago de Compostela


MI PRIMER CAMINO DE SANTIAGO

IV

    Cuando alguno de los integrantes del grupo cumplía ya su quinto camino, puede imaginarse ya quien esto lea que determinados personajes, fundamentalmente posaderos y restauradores, forman parte inseparable del mismo.

    Me referiré primero al ya aludido Jesús Arias Jato, propietario – con permiso de las escrituras examinadas por Paco – de un pintoresco albergue de Villafranca; acudimos al mismo, en lugar de al albergue municipal, por la excelente queimada que suele preparar tras la cena y, especialmente en busca de remedio para la dolencia que Paco sufría en su talón, ya que los peregrinos atribuyen a sus gigantescas manos el don de los masajes milagrosos; el rato que pasamos sorbiendo queimada y otros brebajes, servidos por Jato al tiempo que masajeaba el talón de Paco o buscaba escrituras y otros documentos que éste, en logica y agradecida reciprocidad examinaba con su habitual calma, fué irrepetible; aunque Paco se levantó con bastante mal cuerpo al día siguiente, no le oí quejarse del talón a lo largo del viaje.

    Al día siguiente fueron Marta con su hermana María y su madre quienes se alegraron de nuestra visita y nos atendieron maravillosamente durante la comida y sobremesa en el mesón “La Fragua”, casa de comidas ubicada en el pueblo de las Herrerías.

    Isabel, dueña del bar restaurante La Betularia en O Biduezo donde tomamos unas cervezas mientras Marino se paseaba en el tractor que su marido había reparado.

    Carmen – hermosa gallega en opinión de la mayor parte de los peregrinos - que en Leyman nos obsequió con abundancia de raciones que nos permitieron subsistir durantte el largo trayecto restante hasta Portomarín.

    Mari Luz dueña de un bar a la entrada de Eirexe a la que, gracias al pernil de tocino curado que nos propuso para comer, perdonamos la imperdonable falta de que no tuviera cerveza de ningún tipo en su establecimiento.

    Puri y su marido Jesús dueños de la Casa de los Somoza, cerca de Laboreiro donde todos disfrutamos de un corto y merecido descanso por las magníficas intalaciones de esta casa rural y, algunos, de las excelencias del orujo gallego a media mañana, aunque con efectos retardados en la parte final de la etapa.

    Jorge, de la pulpería Exequiel en Melide que disfrutó de nuestra compañía mientras nos servía las tablas de pulpo, las jarras de vino joven, el orujo reparador y de paso, engrasaba mi cámara, en un intento fracasado de fotografiar al grupo al completo.

    Carmen, la dueña del bar enclavado en las proximidades del albergue de Ribadixo, que fue la que más se alegró de nuestra visita, especialmente de la de Michel y Primi, el chiquitín, y en cuyo establecimiento pasamos uno de los mejores ratos del camino, con visita del Zapatones incluida, solo enturbiado por la tardanza en llegar a la meta por parte de los dos peregrinos citados y el tres a dos de la Juve al Real Madrid, resultado disfrutado por algunos peregrinos extranjeros y especialmente por Manuel, el hijo de Carmen, no por ser antimadridista, sino por la chulería de que hacen gala en Galicia los hinchas del Real Madrid; no sé si la racionalista interpretación que Michel le dio sobre los resultados que se producen en el fútbol, y que Manuel escuchaba totalmente alucinado y absorto, le habrán hecho cambiar de opinión.

    Y por último Guillermo, dueño del bar restaurante el Compás, en Pedrouzo, que aprovechó nuestra visita para jugar, y ganar, su partida anual de mus.

Chema corta lonchas de tocino en el bar Mari Luz
instalaciones de recreo en Casa de los Somoza
Jorge trasegando el orujo
Carmen recibe efusivamente a Primitivo a su llegada a Ribadiso
Partida de mus con Guillermo