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Mi primer Camino

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CAMINO DE SANTIAGO 2003

Desde Villafranca del Bierzo a Santiago de Compostela


MI PRIMER CAMINO DE SANTIAGO

II

    La pequeña aventura del camino la emprendí gracias a Angel, quien, a finales de marzo, conocedor de que iba a tener tiempo suficiente para ello, me dejó anotada una dirección de Internet, con magníficos contenidos sobre viajes y rutas, entre ellos, y sobre todo, el Camino de Santiago.

    La idea enseguida me atrajo y decidí incorporarme al grupo; éste lo componíamos seis personas, de edades comprendidas entre los 46 y los 56 años, cuatro de ellos con varios caminos a sus espaldas y dos – Paco y el que suscribe – novatos; una de las cualidades del grupo es que formábamos un equipo multidisciplinar capaz de entendernos con el más exótico de los caminantes o solucionar cualquier contratiempo o problema que se presentase a peregrino o posadero y que tuviera a bien plantearnoslo: teníamos expertos en alta contabilidad, finanzas, informática, ventas, derecho y todo lo demás que el lector se pueda imaginar; bueno tampoco en absolutamente todo porque el generalista, Marino, flojeaba algo en materias relacionadas con la telefonía, especialmente la móvil.

    Las actuaciones más notables que recuerdo al respecto fueron el asesoramiento prestado por Paco a Jesús Jato sobre escritura de propiedad del edificio que alberga su refugio, la descripción técnica del tractor LANZ BULLDOG, fabricado en Manhein el año 56 ó 57 – verdadera pieza de museo - dada por Marino a su propietario en O Biduezo, los certeros dibujos de Primi sobre servilletas para expresar palabras desconocidas en el idioma del interlocutor y, en ausencia de éste, la creatividad de Marino para inventar vocablos comprensibles universalmente como, por ejemplo, “giñing” para expresar esa necesidad que con tanta frecuencia nos apremia.

    En cuanto a las condiciones físicas, aunque existían notables diferencias, no originaron ningún problema salvo el ligero retraso de dos horas que sufrió Primi para llegar a Ribadiso da Baixo, y no por problemas físicos, sino porque su puñetera manía de no mirar hacia delante cuando sube una cuesta, le costó equivocarse de ruta y meterse en el cuerpo siete u ocho kilómetros más a pesar de ser su tercer camino y de que al final del trayecto le esperaba, como una madre, su buena amiga Carmen.

Paco examina la escritura ante la atenta mirada de Jato
Marino da explicaciones técnicas del tractor a su propietario en presencia de Chema
Dibujo de Primi sobre servilleta