<% response.Buffer=true Const adCmdText = &H0001 Const adOpenStatic = 3 %> Camino de Santiago
DE VIGO A PONTEVEDRA: Sábado, 08 de Mayo de 2010


Otra vez amanece nublado. En la televisión han anunciado lluvias para hoy.

Vigo desde Chapela de Arriba

Después de desayunar comenzamos la etapa bajo la lluvia.

En el desayuno

Ángel y Luís se adelantan, tras ellos vamos Primi y yo, y muy atrás, viene Paco. Caminando, pronto entramos en calor, pues, a pesar de la lluvia, no hace frío. Se ven peregrinos en bicicleta.

Impresionantes obras de ingeniería

Mientras caminamos hacia Redondela hemos adelantado a un grupo numeroso de peregrinos que resultan ser los que nos habían anunciado en A Guarda y que venían sólo a hacer la etapa de hoy, sábado.

Detalles del Camino

La fuerte lluvia nos obliga a detenernos en una cafetería a la entrada de Redondela. Esperamos a Paco que parece que tarda. Debe haberse también detenido para resguardarse de la lluvia.


Paco, descansando

Mientras tanto, Ángel y Luís, ya en Redondela, se encuentran con Antonio, el concejal de cultura, que camina con parte de la excursión de peregrinos de A Guarda.

Arcade, famosa villa por sus exquisitas ostras

En vistas de que Paco no llega, Primi y yo decidimos continuar el Camino. Cruzamos Redondela sin detenernos. Ahora se ven algunos peregrinos, exceptuando los del numeroso grupo de la excursión. Ha dejado de llover y ha salido un tímido sol que nos alegra la mañana.


Nos detenemos de nuevo en un bar en las proximidades de Arcade. Mientras descargamos nuestras mochilas un hombre se me acerca y me dice que me falta algo, que me espere. Se va hacia su coche, allí aparcado, y saca una preciosa calabaza que, sonriente, me regala.

La calabaza

Entramos en la cafetería y, mientras tomamos unas cervezas, llegan Ángel y Luís, que se han entretenido en Redondela. Invito al café del hombre que me ha regalado la calabaza, que acepta encantado.

En la cafetería

Charlamos sobre las incidencias de la etapa esperando ver aparecer a Paco, que viene ya cerca. Ocasionalmente por la ventana se ven pasar peregrinos.

Luís

He guardado la calabaza en una bolsa de plástico pensando en si llevármela o no. Al final llegaría hasta Santiago, después hasta Segovia, y luego al huerto de Primi que, una vez abierta, sembraría las pepitas, produciendo gran cantidad de calabazas pequeñitas.


Cuando llega Paco, finalizadas las consumiciones, nos ponemos de nuevo en marcha hacia Ponte Sampaio.

Ponte Sampaio

Ponte Sampaio, histórico puente sobre el río Verdugo, donde los franceses se vieron fuertemente vapuleados en una cruenta batalla que se libró en este lugar durante la Guerra de la Independencia.

Ponte Sampaio

Subiendo lentamente empinadas cuestas atravesamos la población y continuamos la marcha hacia Pontevedra.

Empinadas cuestas

La incómoda lluvia vuelve a aparecer y nos obliga a sacar de nuevo los paraguas y a recogernos los pantalones.

Llueve otra vez

Varios kilómetros más adelante decidimos resguardarnos de la lluvia, cada vez más intensa, en una cafetería que encontramos a nuestro paso. En el bar, saludo a una simpática aldeana viejecita que, al ver que la voy a fotografiar, se esconde para evitarlo, aunque no lo consigue del todo.

Típica aldeana gallega

Finalizadas las cervezas reemprendemos la marcha, siempre bajo la lluvia, que se ha moderado un poco. Faltando cuatro o cinco kilómetros hasta Pontevedra Primi y yo nos paramos en un restaurante a comer algo. Poco después llegaríamos al albergue de Pontevedra donde ya están acoplados nuestros amigos.

Albergue en Pontevedra

El albergue es nuevo y acogedor y, aunque hay algunos peregrinos alojados, sobran las literas. Una vez acoplados y a pesar de la lluvia salimos a dar una vuelta por la ciudad.

Llueve en Pontevedra

El albergue se cierra a las diez y nosotros queremos ver el partido de futbol en televisión por lo que Primi, que no se encuentra muy católico, se ofrece a quedarse para abrirnos la puerta a nuestro regreso.

Partido de futbol: gran expectación

Después de tomar algunos pinchos mientras vemos el partido regresamos al albergue. Primi, que nos está esperando, nos abre la puerta.